“Muchas gracias por llegar hasta aquí, por dedicar su tiempo para leer estas líneas.

Mi nombre es Teresa Casa Ponce, tengo 57 años. Nací en la comuna Zuleta, un hermoso rincón del Ecuador. Recuerdo que empece mis primeras puntadas cuando tenía 8 años de edad, en la casa y en la escuela nos motivaban para aprender esta labor, en la escuela mi maestra me encargaba dibujar los pedazos de tela para que las otras niñas borden.

 

En ese entonces mi madre era bordadora de El Taller de la Hacienda Zuleta, donde buscabamos obras para bordarlas y recibir un pago por ese trabajo. Nunca me gusto hacer los quehaceres de la casa por eso ayudaba a mi madre a bordar las obras. Era una niña inquieta, corría por un callejón de inmensos arboles para llegar al Taller de la Hacienda, esos son hermosos recuerdos de mi niñez.

 

Terminé la primaria en la escuela Galo Plaza Lasso de Zuleta, y luego el colegio en la ciudad de Ibarra, me gradué como bachiller contable. Tuve mi primera hija y mi amor de madre me hizo tomar la decisión de no volver a trabajar fuera de la casa y combinar el tiempo entre el cuidado de mi hijos y la elaboración de los bordados. Así logré educarlos sin dejar de disfrutar cada etapa de sus vidas. A mi trabajo se unieron muchas mujeres en mi misma condición, ha sido un camino duro pero lleno de tantas experiencias que han dado sentido a mi vida.

En el año 2015 fui nombrada Maestra del Arte Popular de Iberoamérica, un reconocimiento que me compromete a trabajar para que este arte no se pierda, para que sea reconocido y sobre todo valorado, como yo muchas mujeres invertimos la vida entera en esta ardua pero gratificante labor…”

Primera Generación

 El arte del bordado a mano en la familia empezó aproximadamente hace cincuenta años. Mi abuela Dolores Chachalo de Ponce, aprendió a elaborar las blusas bordadas para las mujeres indígenas de su comuna Zuleta.

De esta labor hizo un medio de vida, dió valor a sus trabajos y mediante el trueque, que consistía en intercambiar las blusas con animales, granos y  tubérculos se ganó la vida. Sus últimas puntadas las hizo a sus ochenta años, poco antes de partir.

Segunda Generación

Continuó con este arte mi madre Laura Marina Ponce. Para ella fue difícil emprender porque sus trabajos no los podía vender en la comunidad,  sino que debía salir a la ciudad de Quito desde Zuleta, emprendiendo largos viajes de tres a cuatro horas. Sin conocer bien la ciudad y con sus cajas de cartón,  buscaba donde vender sus obras.  

Gracias a ello aportó para la educación de su hijos. Nos dejó su ejemplo de trabajo y dedicación.

Tercera Generación

 Después de varios años tomé el mismo sistema de trabajo de mi madre. Horas de camino en la ciudad, bajo un sol ardiente y con un cartón en cada mano,  recorrí decenas de edificios, oficinas y almacenes dejando mis trabajos normalmente sin recibir el pago, confiando en que mis clientes me paguen en mi visita al mes siguiente. Así trabaje por casi treinta años.

Cuarta Generación

Mi hija Laura ha sido mi apoyo, siempre pendiente de mi y preocupada porque los años pasan y seguramente en algún momento yo ya no tendría las misma energía para seguir  con esa rutina. Pues la comercialización y esfuerzo que requiere tener un producto terminado es realmente una tarea importante.

Siempre ha admirado los bordados, para ella son verdaderas obras de arte. Entonces hace unos años tomó la posta con el objetivo de llegar a más clientes que valoren nuestro trabajo, no sólo para mejorar los ingresos, sino por un compromiso propio de preservar un legado. En el año 2013 emprendimos juntas una aventura, gratamente como resultado nació Catelina.

La historia cuenta que Doña Rosario Pallares, esposa del exmandatario Galo Plaza Lasso, creó en la hacienda Zuleta un taller para aprovechar las habilidades de las mujeres de la zona en el arte del bordado y proporcionar a los hogares de la comuna un ingreso extra. Esta idea había surgido en uno de sus viajes a España e Italia, en donde los bordados a mano eran un arte relevante en los pueblos pequeños.

Reconocimiento

En Zuleta en el año 2009 tuvimos la grata  visita de una delegación de  Fomento Cultural Banamex,   organismo no lucrativo que trabaja en beneficio de la cultura mexicana, en coordinación con el Banco Nacional de México.

Coordinamos entrevistas y la elaboración de ciertas obras, que las realizamos junto a mi madre Laura Ponce,  sin pensar que se convertirían en los trabajos que viajarían alrededor del mundo,  como parte de la muestra Grandes Maestros del Arte Popular de Iberoamérica, Colección de Fomento Cultural Banamex, A.C., la misma que está conformada por más de 1,800 conjuntos de piezas  seleccionadas y reunidas entre los años 2007 a 2011, y que abarcan los 22 países de Iberoamérica y 450 artesanos.

El Libro

A inicios del 2015 recibí uno de los mejores obsequios, se trata del libro de los Grandes Maestros Del Arte Popular de Iberoamérica, en donde quedó plasmada mi vida en medio de hilos y agujas. Me siento agradecida con Dios por la habilidad que ha puesto en mis manos, y con mi madre por haber inculcado en mi el amor al bordado.

La muestra llega a Ecuador

Con emoción recibimos la noticia de que el 26 de marzo de 2015, la muestra llegaría por  primera vez al Ecuador.  Fue expuesta en el Centro Cultural Metropolitano de Quito. Con la dificultad de asimilar tanta belleza,  anonadada y con  varios sentimientos encontrados, recorrí junto a mi familia todas las salas,  disfrutando verdaderamente de las manifestaciones culturales de países como:  Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Realmente fue un privilegio estar esa noche en la inauguración.

Mi agradecimiento sincero a Banamex, por  valorar la habilidad de los artesanos, por nuestro empeño en preservar legados culturales, y sobre todo por hacer que un proyecto de esta magnitud se haga realidad.

Viaje a México

En octubre de 2015, fui invitada por Banamex para participar en el III Encuentro Internacional de Bordadoras, cuando me preguntaron si estaba dispuesta A dejar mi taller durante varios días, para ser parte de este gran evento, mi respuesta fue afirmativa desde el primer momento. La oportunidad de representar no solo a Zuleta sino al Ecuador me llenó de emoción.

El viaje fue una experiencia totalmente enriquecedora e inolvidable. Estar reunida con artesanas de varios países, con mucha trayectoria, escuchar sus historias, conocer sus técnicas de trabajo, compartir vivencias, experiencias, logros, adversidades y hacer amistad con personas que se dedican a la misma actividad que la mía, me hizo sentir muy identificada. Fue realmente una experiencia que se quedará grabada en mi mente.

 

Es indiscutible el potencial que cada país tiene en cuanto a bordado, sobre todo México, las artesanas son verdaderas artistas por su dominio de técnica. El involucramiento de muchos jóvenes que se están capacitando, llamó mi atención,  eso es bastante motivador ya que asegura la continuación del arte popular en ese país.

El bordado es un mundo tan inmenso, existen cientos de puntadas con las que se trabaja, y  observar la maestría con la que dominan es sorprendente. De un país a otro las técnicas, los colores, el dibujo varían inmensamente, por ejemplo Brasil y Costa Rica descatan un trabajo muy fino y minucioso por lo general aplican colores neutros, sobrios y elegantes como el blanco y el beige y se aplica principalmente en prendas de vestir.

El Perú es inconfundible aunque no es un bordado a mano, se lo relaiza a máquina de pedal y requiere de mucha destreza y habilidad. España presentó una labor más minuciosa,  pero es triste escuchar que esta ténica esta a punto de desaparecer debido a varios factores.

En lo personal viviré muy agradecida del trato amable y considerado de principio a fin.  México es un hermoso país que  desborda cultura y tradiciones. Este viaje me llevo a conocer el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Gracias Madre Nuestra por todo lo vivido!!…

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