Somos una familia que ha dedicado su vida al arte del bordado a mano durante cuatro generaciones. Teresa Casa Ponce (tercera generación) fue nombrada Maestra del Arte Popular de Iberoamérica en 2015. Ella representa la habilidad y perseverancia de la mujer zuleteña.

CATELINA es un juego de palabras:
CA (Casa) + TE (Teresa) + LINA (Linaje, cuatro generaciones de bordadoras)

“Gracias por llegar hasta aquí, por dedicar tu tiempo para leer  estas líneas.

Mi nombre es Teresa Casa Ponce, nací en la Zuleta, un  hermoso rincón del Ecuador en Imbabura.

 Recuerdo que empecé mis primeras puntadas cuando  tenía 8 años de edad, mi madre y mi abuela inculcaron  en mí el amor por este arte.

Hoy junto a mi hija y decenas de mujeres que se han  unido a mi, bordamos para vivir y  preservar una hermosa tradición ecuatoriana”

Cursé la primaria en la escuela Galo Plaza Lasso de Zuleta, mi maestra me encargaba dibujar los retazos de tela para que las otras niñas borden. En ese entonces mi madre era bordadora de El Taller de la Hacienda Zuleta, donde buscábamos obras para bordar. Nunca me gusto hacer los quehaceres de la casa por eso prefería ayudar a mi madre a bordar. Era una niña inquieta, corría por un callejón de inmensos árboles para llegar al Taller de la Hacienda, esos son hermosos recuerdos de mi niñez.

Me gradué como bachiller contable en el Colegio Nacional Ibarra. Tuve mi primera hija y mi amor de madre me hizo tomar la decisión de no volver a trabajar fuera de la casa y combinar el tiempo entre el cuidado de mi hijos y la elaboración de los bordados. Así logré educarlos sin dejar de disfrutar cada etapa de sus vidas. A mi trabajo se unieron muchas mujeres en mi misma condición, ha sido un camino duro pero lleno de tantas experiencias que han dado sentido a mi vida.

En el año 2015 fui nombrada Maestra del Arte Popular de Iberoamérica, un reconocimiento que me compromete a trabajar para que este arte no se pierda, para que sea reconocido y sobre todo valorado, como yo muchas mujeres invertimos la vida entera en esta ardua pero gratificante labor.

El bordado a mano llegó a nuestra familia hace cincuenta años aproximadamente. Mi abuela Dolores Chachalo de Ponce, como muchas mujeres zuleteñas aprendió a bordar las blusas para las mujeres indígenas de la zona. De esta labor hizo un medio de vida, dió valor a sus trabajos y mediante el trueque, que consistía en intercambiar las blusas con animales y grano, se ganó la vida. Sus últimas puntadas las hizo a sus ochenta años, poco antes de morir.

Continuó con este arte mi madre Laura Marina Ponce. Para ella fue difícil por prender porque las camisas habían dejado de ser un negocio, y empezaron a bordar otros artículos como las tradicionales paneras, toallas y maxis, unos vestido tipo batas muy largas para mujer, pero no los podía comercializar en la comunidad,  sino que debía salir a la ciudad de Quito desde Zuleta, 

 emprendiendo largos viajes de tres a cuatro horas. Sin conocer bien la ciudad y con sus cajas de cartón,  buscaba donde vender sus obras. Gracias a ello aportó para la educación de su hijos. Nos dejó su ejemplo de trabajo y dedicación. Después de varios años tomé el mismo sistema de trabajo de mi madre. Horas de camino en la ciudad, bajo un sol ardiente y con un cartón en cada mano,  recorrí decenas de edificios, oficinas y almacenes ofreciendo mis bordados. Así trabaje por casi treinta años.

Mi hija, Laura, ha sido mi apoyo, admira la belleza del bordado y para ella son verdaderas obras de arte. Hace unos años tomó la posta y asumió el compromiso propio de preservar un legado. En el año 2013 emprendimos juntas una aventura, gratamente como resultado nació Catelina.

Reconocimiento

En Zuleta en el año 2009 tuvimos la grata  visita de una delegación de  Fomento Cultural Banamex, un organismo no lucrativo que trabaja en beneficio de la cultura mexicana, en coordinación con el Banco Nacional de México.

Coordinamos entrevistas y la elaboración de ciertas obras, que las realizamos junto a mi madre Laura Ponce, sin pensar que se convertirían en los trabajos que viajarían alrededor del mundo,  como parte de la muestra Grandes Maestros del Arte Popular de Iberoamérica, Colección de Fomento Cultural Banamex, A.C., la misma que está conformada por más de 1,800 conjuntos de piezas  seleccionadas y reunidas entre los años 2007 a 2011, y que abarcan los 22 países de Iberoamérica y 450 artesanos.

El Libro

A inicios del 2015 recibí uno de los mejores obsequios, se trata del libro de los Grandes Maestros Del Arte Popular de Iberoamérica, en donde quedó plasmada mi vida en medio de hilos y agujas. Me siento agradecida con Dios por la habilidad que ha puesto en mis manos, y con mi madre por haber inculcado en mi el amor al bordado.

La muestra llega a Ecuador

Con emoción recibimos la noticia de que el 26 de marzo de 2015, la muestra llegaría por  primera vez al Ecuador. Fue expuesta en el Centro Cultural Metropolitano de Quito. Con la dificultad de asimilar tanta belleza, anonadada y con varios sentimientos encontrados, recorrí junto a mi familia todas las salas,  disfrutando verdaderamente de las manifestaciones culturales de países como:  Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Realmente fue un privilegio estar esa noche en la inauguración.

Viaje a México

En octubre de 2015, fui invitada por Banamex para participar en el III Encuentro Internacional de Bordadoras, cuando me preguntaron si estaba dispuesta A dejar mi taller durante varios días, para ser parte de este gran evento, mi respuesta fue afirmativa desde el primer momento. La oportunidad de representar no solo a Zuleta sino al Ecuador me llenó de emoción.

El viaje fue una experiencia totalmente enriquecedora e inolvidable. Estar reunida con artesanas de varios países, con mucha trayectoria, escuchar sus historias, conocer sus técnicas de trabajo, compartir vivencias, experiencias, logros, adversidades y hacer amistad con personas que se dedican a la misma actividad que la mía, me hizo sentir muy identificada. Fue realmente una experiencia que se quedará grabada en mi mente.

Es indiscutible el potencial que cada país tiene en cuanto a bordado, sobre todo México, las artesanas son verdaderas artistas por su dominio de técnica. El involucramiento de muchos jóvenes que se están capacitando, llamó mi atención,  eso es bastante motivador ya que asegura la continuación del arte popular en ese país.

El bordado es un mundo tan inmenso, existen cientos de puntadas con las que se trabaja, y  observar la maestría con la que dominan es sorprendente. De un país a otro las técnicas, los colores, el dibujo varían inmensamente, por ejemplo Brasil y Costa Rica descatan un trabajo muy fino y minucioso por lo general aplican colores neutros, sobrios y elegantes como el blanco y el beige y se aplica principalmente en prendas de vestir.

El Perú es inconfundible aunque no es un bordado a mano, se lo relaiza a máquina de pedal y requiere de mucha destreza y habilidad. España presentó una labor más minuciosa,  pero es triste escuchar que esta ténica esta a punto de desaparecer debido a varios factores.

En lo personal viviré muy agradecida del trato amable y considerado de principio a fin.  México es un hermoso país que desborda cultura y tradiciones.

Historia del Bordado de Zuleta 

Hay muchas versiones acerca del origen del bordado zuleteño, por mi parte yo quisiera transmitirte de manera muy corta, lo que he escuchado de personas que vivieron la época cuando el bordado tuvo su evolución.

Partiendo de que el bordado a mano es un arte ancestral,  no se sabe desde cuándo, las mujeres nativas de la etnia Caranqui, asentada en Zuleta, decoraban su vestido con una técnica llamada picado, que consistía en pegar pequeños pedacitos de telas de colores, con hilos y agujas sobre un camisón de lienzo blanco.

Dicen que la historia del bordado de Zuleta toma un giro por los años 1930. Cuando la madre del Ex Presidente del Ecuador Galo Plaza Lasso, Doña Avelina Lasso dueña de la Hacienda Zuleta, observó la habilidad de las mujeres nativas y entonces decide combinar la técnica del picado con el bordado que conocía por su origen europeo.

Tanto las mujeres mestizas como nativas adoptan la nueva fusión y suplantan el picado por una nueva versión de bordado, el cual se usa hasta hoy.

Años más tarde Doña Rosario Pallares, esposa del ex-presidente Galo Plaza Lasso, creó en la hacienda Zuleta un taller para aprovechar las habilidades de las mujeres de la zona en el arte del bordado y proporcionar a los hogares de la comuna un ingreso extra.  

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